8/9/17

Poema de Gustavo Gottfried




La bicicleta de mi tío Ignacio 
la pagó mi madre 
con su primer sueldo de maestra. 

Mi tío vendía botones 
de puerta en puerta, como mi abuelo 
que tenía una valija 
llena de medias y ropa interior 
de la que tantas veces extraía 
regalos para nosotros. 
Pero mi tío quería progresar 
y para eso 
necesitaba una bici.

Con el tiempo, tuvo su propia tienda 
y acompañó a sus hijos 
según el camino de cada cual. 
Hoy Fabián es un músico eximio. 
Martín un pintor reconocido. 
Verónica una gran ceramista.

Mientras vivió, tuve con mi tío 
una relación adolecente. 
Pero yo sabía que estaba 
en su lugar como una roca 
y que llegado el caso 
no nos iba a fallar.

Mi madre amaba a su hermano 
aunque siempre lo cuestionara 
aunque le hiciera reproches 
aunque nunca aceptara a la hermosa italiana 
que él había elegido como esposa.



© Gustavo Gottfried

5 comentarios:

Anonymous Anónimo ha dicho...

una historia de familia, un cuadro contado con delicadeza y amor. susana zazzetti.

9 de septiembre de 2017, 12:41  
Blogger Marìa Sonia Quevedo Hoyos ha dicho...

He vivido al leer, su historia impactándome profundamente.

10 de septiembre de 2017, 17:37  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Una historia sencillamente bella y llena de amor familiar.
Felicitaciones, Gustavo y un gran abrazo
María Rosa León

11 de septiembre de 2017, 1:46  
Anonymous Anónimo ha dicho...

Absolutamente real! Me encanto! Dolores Pombo

12 de septiembre de 2017, 0:40  
Anonymous Anónimo ha dicho...

A través de la narración de una historia familiar, el poema logra poner en marcha el ejercicio de la memoria pivoteando sobre una bicicleta. Que no es cualquier bicicleta, claro está, porque se trata de una bicicleta mágica como un imán para atraer recuerdos. Gracias Gustavo!
Raquel Jaduszliwer

16 de septiembre de 2017, 1:08  

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