26/7/17

Poema de Estela Smania




                                                                          
Alejandra: pájaro nocturno
No despiertes
 no sabrás qué hacer
con el miedo.
Todavía estarás de más
 en el lugar donde los otros respiran.
Quédate de piedra
sin deseos ya
de escribir el poema imposible.
No te levantes
la vida duele tanto tanto.

(Alejandra Pizarnik: 1936-1972. Nació en Buenos Aires y se suicidó en París, al decir de Enrique Molina, sin salvación, sin haber aprendido a mentirse, a resignarse, a olvidar. Hizo de su vida y su poesía una sola cosa y se fue tras la palabra exacta, inaprensible.)



© Estela Smania

Poema de Francisco Hugo Rivella



Mis vestiduras sangran desgarradas al viento desgarradas,
como palomas crueles, como nubes de plomo,
el círculo de espadas revienta mis omóplatos y vuela,
se asoma a las uñas del ateo,
a la risa del ajo y el muérdago reseco.

Mi Madre reza un no sé qué en voz baja
y el ladrón al costado saliva mis espinas,
escupe lo que pienso de dios y la palabra,
la demencia,
las doncellas que fraguan laberintos en donde el peregrino arrodilla sus huellas.

Padre,
siento que voy cavando poco a poco tu olvido.


© Francisco Hugo Rivella

Poema de Mariana Vacs


CONFESION DE SOR JUANA

Aunque no haya roto
los mandatos y en las ofrendas
los principios sean exactos,
si reviso mi alma
quizás sea correcta
la palabra que me acusa.


© Mariana Vacs

Poema de Sandra Escobar Ginés


Transformer

No te escribo
No te pienso en la morbidez
No te creo en la putrefacción
No te concibo de áurea evaporable
No te considero fantasmagoría
No te imagino ánima desintegrada
         porquesiempre
serás mariposa


© Sandra Escobar Ginés

Poema de Dolores Pombo


cuando todo llueve
menos tus ojos
ya nada importa
llueve sobre mojado
ya nada moja
ya nada es nadie
porque no llueven tus ojos


© Dolores Pombo

Poema de Norma Starke


barro seco
en la suela ancha de esta bota

es la lluvia el agua
el barro
y estas manos que no rezan



© Norma Starke

Texto de Mónica Aramendi


Un árbol, mis manos. Pájaros en los dedos. De tronco envejecido las palmas.
Sostengo en ellas flores secas de antiguos otoños, nubes llovidas y el único gorrión que perdió su nido.
Sobre mi pecho, en noches demoradas, esparcen semillas, liban colibríes.
Amanezco de un sueño no soñado.
El jardín de la infancia se hace pueblo y un lirio se recuesta en mi mejilla.


© Mónica Aramendi

Poema de Jorge L. Carranza


HILO 

En un barrio de las afueras
de una ciudad bien al sur,
la señora que barre la vereda
por las madrugadas
apaga la estrella
que está justo ahí
sobre su casa.

La estrella que esperó
que ella hiciera su rutina.

Doña,
doñita;
barra nomás,
barra tranquila,
aunque a veces un dolor grande
le anude la garganta.

Usted, que se las arregla
con dos pesos,
sépalo bien.

Allá en el techo del cielo
su esmero
es atendido.

No ha sido en vano.




© Jorge L. Carranza

Poema de Beatriz Minichillo


Esta mujer

No tiene nombre,
transita el tiempo
con ojos asombrados,
un búho en su noche,
una gacela en su mañana.
Me pone apodos,
me busca con insistencia,
trae a mi memoria pasados futuros.
Me hace preguntas
que no comprendo
y ofrece respuestas
que no me interesan.
Se muere de muerte natural,
me muerde sin vergüenza,
me repite que la ame
y me embiste cuando no la reconozco.
Se adueña de mi tiempo,
quiere vestirse con mi piel,
jugar con mis amantes
y borrarse, borrarme.
Es arisca
pero a la vez se entrega.
Es todas las mujeres
que me habitan
y yo una casa desolada.
Me envuelve en una nube transparente
y me lanza a un río
donde nos ahogamos
tomadas de la mano.


© Beatriz Minichillo

Poema de Ana Romano


Zozobra

Trepa
astuta
la imagen
(y es como
espía)

Estacionada
en la hendidura
deposita

La madre
aulla
en un rincón.



© Ana Romano

25/7/17

Poema de Aníbal De Grecia



DIEZ

Sos la muchacha que escribí con mis ojos
en el aire. 

JUGUAMOS A PERDURAR
Y te busqué entre la bruma
desde los pliegues imperfectos del dolor.
Sos esa lágrima de luz que quiebra el tiempo y la distancia.



© Aníbal De Grecia

Poema de Anamaría Mayol


ESTALLIDO

Diré árbol
aparecerá un bosque
que será sombra magia silencio
estallido

pero si digo lluvia
otoño
también diré mayo

diré un número
que será hoja seca
 muerte -renacimiento

final de un estallido que recomienza

y entonces diré mi nombre
siete veces mi nombre caducifolio

me llamaré a la vida
y pariré otro rostro
detrás del viento


© Anamaría Mayol

Poema de Susana Zazzetti




nadie sabe cuándo está solo.
cuándo aparece la ausencia y
lo tajea. lo salpica.
y sin embargo
todos caemos en esa red.
no sabemos
quién es
el que ajusta nudos
para que lo oscuro no abandone
nuestra sangre.
quién el que mueve
el chorro de la noche
para que el silencio nos ate.
nos persigne y se aleje.


© Susana Zazzetti

Poema de Patricio Emilio Torne


DEL RETRATO DE DORIAN GRAY
A LA BALDA DE LA CÁRCEL DE READING

Tropezar y levantarse,
sacudir el polvo de la botamanga,
mirar alrededor y desear
que sean pocos los ojos que te vieron.
El dolor vendrá después,
seguramente con esa intensidad
que te hará pensar que el ridículo
era más leve que la dolencia.
Hay lugares donde lo indigno de una reverencia
tiene la aceptación que no consigue el tropiezo.
Uno mira los huecos del desorden
y quiere llenarlos de cordura,
de buenas intenciones,
pero se hace imposible.
Deberíamos aprender a caer,
o hacer de las caídas un sistema homeostático
regulado por el placer de lo inestable.


© Patricio Emilio Torne

Poema de Edda Sartori


La caminata 

tan azarosos nuestros nombres
tan inconstante la rutina
del presente

el silencio abarcaba
esa mañana que se iba deslizando
con extrañeza
en el desboque de nuestros latidos
así dibujábamos el escozor del encuentro
incómodos nuestros cuerpos
mientras el hilado de sombras
nos guiaba
izándonos
por los interminable huecos
de la avenida
donde la luz plata acompañaba
nuestro pensamiento
y   lo transformaba

era el entretiempo del equívoco
la pausa irrepetible
de ese espacio interpuesto
que íbamos cruzando
con tanto goce
casi sin advertir
la planicie  de grandes hoyos
el pantano hecho luna

hundiéndonos levitados al fin

                ¿podrás ahora oírme
                 en la envoltura del tiempo?
                ¿podrás distinguir
                 huidos ya
                 nuestro hallazgo?

¿podrás
remontar mi abrazo
en este acongojado desperezo? 


© Edda Sartori

Poema de María Belén Silva



En otra tierra
Desde otras tierras.
Encuentro pactado por dioses.
Niños que se creían privados de los parques
remontan sus barriletes en el cielo de la sorpresa.
Desprovistos de pasado.
Incendian relojes.
Mariposas que no ven su propia belleza.
Usan los ojos de alguien más.


© María Belén Silva

Poema de Teresa Gerez


“No sé qué preferir/ si el limón en el cuadro 
    o el limón en el plato” Hugo Paledetti 


Cambiante ante los juegos de la luz 
oblicua  redonda  enorme 
pequeña  flexible 
a los cambios del día 

No sé 
si es más real la sombra 
que su objeto 

No sé 
si esa opacidad 
que me atraviesa como espina 
no es más real 
que esto que llamo 
mi verdad 

Siempre fue en la sombra 
(y no en la luz) 
que encontré 
                  el secreto



© Teresa Gerez
Imagen: Gustav Gurschner
Enviada por la autora

Poema de Osvaldo Víctor Fernández



gritó con la furia
que el derecho le asistía

pidió una explicación
sabiendo que la única respuesta
seria un ensordecedor silencio

sus mariposas de ceniza
Inmóviles
aterradas
por la inmediatez de la tormenta
fueron el
único mensaje

sus mariposas de ceniza
le indicaban
que nada es definitivo
ni siquiera
el vacío


© Osvaldo Víctor Fernández

Poema de Graciela Barbero


Amarillea el tiempo
                              otoño los árboles
 tibio el sol entre las ramas

En el interior
                         aún llueve la piel.


© Graciela Barbero

Poema de Teresa Vaccaro


HILANDERA

a Alba Estrella Gutiérrez.

En qué corazón se esconde la metáfora,
esa palabra heroica y esquiva.
Qué vuelo la hará renacer, trasmutarse,
escapar del cautiverio.

Sólo una hilandera
podrá reverenciarla mañana
en una trama de flores.




© Teresa Vaccaro.

11/7/17

Poema de Raquel Jaduszliwer

                              
Estampa

Su cabeza se erguía
sin embargo
un movimiento interno la empujaba hacia el fondo
hacia el perpetuo hundirse de las cosas en los ríos alternos

quizá por eso yo la veía despeñada
en caída libre
dolor ignoto
precipicio
andarivel ausente en que se abisma un padre

su cabeza se erguía sin embargo
y así
como una estampa hecha de turbulencia
quedó clavada la perpetua lanza
y el filo de la luz desesperada y bella

y ya es recuerdo mi propio pensamiento
y es corola de sombra y de la luz alzada
en el espejo súbito de la vieja memoria.


© Raquel Jaduszliwer

Poema de Gisela Galimi


Concretamente

Estar del otro lado
ver la forma
y no sentir el fondo.

Desplegar la falda azul
de la alegría
en contadas ocasiones.

Este arduo deber
y esa fantasía realizada
serán, al final,
las peores arrugas.



© Gisela Galimi

Poema de Alejandro Méndez Casariego




La luz del mundo

Se abría la luz del mundo
el latido en sordina de las cosas
que empezaban a ser
el fluir de la sangre entre los ojos
la aspereza del aire
la semilla de la voluntad que se abría paso
entre lo incomprensible
sin otra referencia que una mano
limpiándome la frente
Y entonces, como un río que desborda
el saber
el reconocimiento
los objetos. Pura apariencia.
Todo está aquí como ese día
no ha cambiado
mi comprensión del mundo
aún me muevo a tientas
sigo intuyendo, revelando de a poco
interpretando indicios en la bruma.
Todavía me desplazo entre los hechos
desnudo y germinal
como al principio. 


© Alejandro Méndez Casariego

Poema de Marita Rodríguez-Cazaux

                                          
                                   
  
POR AQUÍ TE AMÉ EN AZUL

Callado pensamiento de cobalto,
vértice de la vida
en bosque blue.

Apenas desguazado en añil, 
estío silente
de pasiones azul Francia.

Afilado sesgo índigo,
desvainado
sobre mi cuerpo.


© Marita Rodríguez-Cazaux

Poema de Amalia Mercedes Abaria




EL COLOR DEL SUFRIMIENTO
                                  
Sí, el sufrimiento está allí,
sin ningún color, o señal, o aviso.
Quizás sea un gris, como un lento luto de piedra
o un violeta descascarado, o el no color
                           del mundo subterráneo.
El sufrimiento viene,
invade el corazón con sus negros cuerpos
despiadados.

El sol no está
el sol se ha ido con tu muerte
y se ha llevado todos los colores
y una sombra de papel gigante
huye hacia el fondo, hacia la penuria del mármol.
Dónde están, dónde están los colores?
el verde, el rojo, el naranja?
Con los dientes de la despedida?
Con la hoja seca de la noche?
O en los juncos abandonados en la orilla del dolor?
Ya no verás el cielo, desde tu ventana,
la luna clara, abierta, palpitante,
esa luz de abanico blanco que tanto,
                                              tanto amabas.


© Amalia Mercedes Abaria

Poema de Leny Pereiro


 


DESAFÍO

Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías...
Pero no de amor...
Transitarías vacíos vericuetos
que no llevan a nada
Sinfines que se enroscan turbios,
estériles...
Áridas llanuras,
yermas…
Desnudas de entusiasmo...
Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías…
Y no de amor...
Te lo aseguro...
Pero si te animaras más...
Si sortearas las oscuras cimas,
los gélidos valles,
las arenas expectantes.
Tal vez, me encontrarías...
Latente.
Escondida entre los pliegues
de una bruma opaca.
Viviente.
Quizás entumecida...
Pero cálida...
Si atravesaras el agobio,
el hastío...
La turbadora vastedad.
Y desoyeras el lamento hiriente.
Tal vez, me hallarías...
Inquietamente pequeña
Estremecida por un fuego infame.
Frágil
Quizás doliente...
Pero aún entera...
Si cayeras
en lo profundo de mis ojos,
te perderías...
Y no de amor...
Pero sólo hasta el encuentro...


© Leny Pereiro

Poema de Gladys Cepeda


Actos repetitivos

la ira es
perderse en la memoria que mastica cerebros
 con música de fondo bulliciosa
como una bocanada de negros estertores
 levantarse y caer
pero no es acto eventual
es una  sensación
 es detenerse
frente a  zarpazos  evolutivos de zozobra
percibir como se  cubre de  péndulos
nuestro caletre
por eso la baldadura
y la incomodidad que nos  empuja
simulamos el descenso
para consumar el empíreo
fuente con  columnas de un angosto corredor de aire ambarino
echado entre el voluntariosos musgo 
que nos estira los músculos
hasta que las nervaduras resistan
y dejen de llamarnos
profanadores  constantes


© Gladys Cepeda

Poema de Carlos Alberto Roldán


lee
no entiendo qué le pasa al texto
cuando sus ojos celestes se deslizan como una tiza de luz

antes ha apoyado su vista en la ventana, cuya cortina se ha corrido
para que el sol entre sin retiscencias

habría árboles y pájaros
música en el aire
oro de la tarde de invierno
una última hoja de la acacia que un fanático intentó mutilar

lee

y no sé cómo escucho al mar contra el acantilado
la montaña se abre sobre el pueblo entero
llueve y tras de una colina está radiante la Bahía de Guanabara nocturna

lee

y ahora sus ojos miran asombrados mi mirada detenida

sonrío y evito las palabras:
nada detenga su disparo de luz al mundo


© Carlos Alberto Roldán

Poema de Lucía Serrano




MISERIA DE LO HUMANO

Hubo una vez un hombre
que solitario caminaba
por los rostros ardientes,
y hubo otros hombres
que nunca caminaron,
volvieron sumisos
a los rayos de un sol
que nunca hubo.
Antes y después
hubo muchos hombres
que vendieron su ser
en cualquier puerto
y nadie esperó
que llegaran,
y nadie supo
que existían.
Pero hubo hombres,
seres alados
que un día
se fueron
para no volver jamás
a esa miseria
de lo humano.


© Lucía Serrano

Poema de Elena Eyheremendy



                                                                                                                                                                                                                                           
Cómo decir no decir

¿Cómo seguimos escribiendo después
de un dolor que nos llora todavía las Hojas
con suavidad de Lluvia,
imitando el canto amarillo del Otoño?

¿Cómo decir o casi no decir –nombrando apenas–
aquello que hace señas más allá del lenguaje
y fabrica tejidos con la sintaxis mística
de la naturaleza?

¿Cómo decir y tan quedito
lo que dice tu suave voz naturalmente humana
con tonos de sensual porteñidad
e intacta ternura?



© Elena Eyheremendy