17/1/18

Poema de Lidia Vinciguerra



Digo Dios
y me ciega la inocencia.
El imán de los clavos.
La sangre. Las espinas.
Y a todo lo que llaman Judas.

Digo Judas.
Me tapo los ojos para cegarme, cuando lo digo.
Retiro el mandato sangrante,
aíslo de uno en cien los clavos que roblan conciencias.

Digo hombre.
Observo la punta de los cactus,
los pinches del rosal,
la sangre del dedo pulgar
que me señala
cuando digo mujer
qué has hecho con tu vida.

Vuelvo al inicio,
digo Dios.
Más tarde, Judas.
Hombre digo,
creación, pecado, milagro: y anuncio la conciencia.



© Lidia Vinciguerra

Poema de Daniel Quintero



Fijación

Duermo con el mundo encendido
con el alma pegada al vidrio
de tanta debilidad sobrepuesta

duermo pequeño
cualquier susurro me despierta
cualquier intimidación que se haga sombra
duermo con el mundo encendido
como si fuera la luz de una lámpara inagotable
que me acaricia la frente
para no temer por el descanso de los muertos

duermo del lado más peligroso de la cama
la sábana es un cielo que no termina de cubrirme
todas las noches le doy cuerda al tiempo
ajusto mi corazón para que amanezca gentil
para que el mundo encendido en sus vueltas
de tu ausencia y la muerte no me tome despierto.


© Daniel Quintero

Poema de Francisco José Malvárez


DESVELADO 

   la antorcha encendida, desvelado
el fantasmas de ser fantasma, caminó sobre mi pecho hasta desvelarme
y claro, mañana seré anfitrión en una farsa
será visible para los invitados
seré el que no soy en un lugar donde no existo
mañana seré pareja en la casa que compartíamos
una absoluta irrealidad
pero así nos verán todos y todos contentos
sólo que yo seré la imagen visible de un inexistente
el fantasma, el mismo que hace un rato me despertó
el que caminaba sobre mi pecho aplastándome con su peso letal

   la antorcha esta prendida
más nada ilumina, al punto que ni sombra doy
será que ya no estoy y soy un vago recuerdo que aún levita?
siento la rajadura quemándome el alma!



© Francisco José Malvárez

Poema de Mónica Angelino


paco paco 

como un zángano tras tu muerte 
noches feneciendo en los brazos del humo 
tu cerebro 
xilofón desafinado 
neblina radioactiva que te va quemando los ojos 
pocos fósforos te quedan en la caja 
y aun así 
morirás adorando 
un pantocrátor apócrifo.



© Mónica Angelino

Poema de Daniel Baruc Espinal Rivera

  

P R I M E R  C Á N T I C O D E  P R O S E R P I N A

Afuera llueve, asfalto: luz mojada.
Agónica sombra en la mirada.
Música de espadas y alfileres.
Y la lluvia duele muy adentro cuando cae.

Fruición de carnes como palmeras.
Dormición de nieve.
Alerta siempre el fuego en el abismo.
Uno mismo es un bosque y no lo sabe.
Talar es el oficio perpetuo de la muerte.


© Daniel Baruc Espinal Rivera

Poema de Flavia Soldano Deheza




de dónde venía el galope sino de la noche olía a demonios
pampa incrusta al sol acechando las mañanas
amanece
a lo lejos
silban campos de matanza
los caídos a la muerte no están muertos   solo yacen y esperan el entierro

ves cómo púan sus manos alambradas   en bolsillos de hielo
murmuran inútiles cartas
Stalingrado es tumba abierta
amanece
ensillo mi yegua digo su nombre
Andrómaca
cruzo los braceros las murallas
quema la pampa


© Flavia Soldano Deheza

Poema de Claudio Simiz



Soneto

Vas a llegar a mí un día de ésos
Desandando uno a uno tus cerrojos:
Navegarás furtiva hacia mis ojos,
Naufragarás a orillas de mis besos.

Vas a llegar a mí, no habrá regresos
De nuestros corazones como abrojos;
Te reconocerás en mis despojos
Que ya saben a vos, de puro presos.

Tu presencia va liándome las venas
Y en vez de corazón, me late apenas
Un capullo con pétalos de acero.

Tu ausencia es quien me alumbra y quien me nombra.
El día que te encuentres con mi sombra
Comprenderás, tal vez, por qué te espero.


© Claudio Simiz

Poema de Vilma Sastre


MI VERDE          

Donde al fin quede libre sin saberlo yo mismo – 
                     Luis Cernuda


mi verde tan quieto
una luna en mi raíz
y ese silencio mío
                     mío
donde me crece el nombre
¿eso es todo? –pregunta

pausa

curvo los labios y aflora una mueca
no nos entendemos  -digo
(pero no lo pronuncio)
la otra voz sacude sus hombros
y se marcha sin ver la luna



© Vilma Sastre

Poema de Patricia Berho


Al  Frente de artistas del Borda 
                                          
                      Aunque interno, soy externo por el Arte.

Huyo de  la mano represora
Me persigue en la noche
Me adelanto dos pasos, se adelanta dos pasos  siento su mano huesuda, que busca atraparme
La oscuridad toma formas
Es el sistema con su roña

                                   

© Patricia Berho

Poema de Marta Cristina Salvador


A LOS EGRESADOS…

Hoy convergen las luces
en las grietas mezquinas
  de la sombra.
De los presentes.
De los que ya no están
en la angosta agonía de la vida.
En la desmesura desesperada
de nuestros ojos cansados,
dedos extintos, raíces desnudas
que habitan nuestros pies.

Entonces, no se alcanza a comprender
la perplejidad de la vida…
“Juventud”…ya no estás,
fuego inseguro de la existencia.
Confiscaste nuestros días.
El corazón presuroso,
pulsera de pájaros ya idos
en azul estaño, en el frío y  húmedo cristal
de lluvias invernales.
Trepaste hasta el borde
de una lágrima agotada.
sin embargo, hoy vibra nuestro pulso.
Una llama concibe el abrazo perdurable,
allí, en la angosta calle que nos queda…



© MARTA C. SALVADOR

16/1/18

Poema de Silvia Arazi

  

LA GATA PEQUEÑA

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esta gata
que se esconde en una lata

Sabe hablar bien italiano
ruso latín y rumano
baila en todos idiomas
y camina en una mano

Ana María Ludueña
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Tan pequeña es esa gata
¡que algunos la creen rata!

Ella no escucha esas cosas
-es gata muy orgullosa-
y aunque es un poco bajita
sale a pasear en cajita

Sueña con ser una estrella 
de cine y televisión,
usar pestañas postizas  
y botitas de visón

María Laura Ludueña 
es una gata pequeña

muy
chiquita
muy
chiquita

Hay quienes la creen rata
porque duerme en un cajón
su cuerpo cabe en la lata 
pero no así su ilusión



© Silvia Arazi

Poema de Walter Mondragón


MI CARTA DE CIUDADANÍA

Vivo en Babia, lo sé
Habito en Otra Parte
Ese lugar distante de la Tierra
Fracciones luz
Absorto en el asombro
O el horror
                   (según sea)
Una motocicleta poderosa
                   (polo a tierra en la vía)
Me para a diez centímetros
De una muerte conjeturada ya.
Sobreviviente del ahora
Solo temo
Cambiarme de morada
                    (antes de tiempo)
Suscribir
Hacer parte;
Estar en Este Lado
Al que no pertenezco.


© Walter Mondragón

Poema de Martha Goldín

                                       

Te recordaré siempre

                                                                                   
                         a mi madre 

                                                 
    Oscurece y te miro. Estás dormida.                                           
Trato de respirar tu aire. Estoy tan cerca.                                            
 Soy muy joven. Tengo quince años .                                           
Tendré que recorrer un largo camino sin vos.                                              
    Imposible imaginar mi vida de esa manera                                      
          Respiras. Escucho tu respiración.                                             
 Si dejo de mirarte te irás. Si no me duermo,                                             
 si te miro, te tendré un tiempo más



  Voy a resistir el sueño,                                           
voy a seguir contando las líneas de tus manos.                                            
Las voy a recordar  siempre.                                            
siempre recordaré este dolor de perderte 
No permitiré que el tiempo te desdibuje,                                           
 no permitiré que el tiempo me lleve a olvidar                                                  
        este instante en el que estoy a tu lado,                                           
respiro tu aire                                                                   
         cuento las líneas de tus  manos

© Martha Goldín

Poema de Clelia Bercovich


EL POEMA NO SABE 

Qué es  ser poema?  Una loción   del Mar Muerto¨? 
Es necesario buscar  los  insectos de la noche, 
 de  un rincón oscuro 
 de nuestra propia casa. 
 ¿Alimentar su gula? 
No se  sabe si otra noche de insomnio 
será suficiente sacrificio. 
El  poema es  como un dios azteca 
Exige más y más de lo que ya le diste. 
Que  se revele  la pasión  que  nunca  alcanzo 
Algo me clava un pie sobre el otro, lo vi en la Cruz. 
  Yo  sólo sé caer y caer. 
Que se libere el poema, ese,  extraído del  Mar Muerto. 
 barro o arcilla sobre todo lo seco. 
Lo inerte.  
Qué  más  que la mano en tu mano 
Sonreir a veces  y  una dulzura repentina 
 iluminará los almanaques 
El poema sos vos . 
Lo demás, nada. 
                    Añadidura.


                  a un  poema de Gabriela Yocco 




© Clelia Bercovich

Poema de Andrés Lazcano García



Y la vida volvió
como un reflejo breve
y todos los ciegos de mis ojos espiaron,
entonces la duda,
acariciar las paredes,
los hijos durmiendo,
y digo, si no fuera un sueño

y una mujer
se acomoda el tiempo en la mirada,
se acomoda el latido,
entonces la oigo,
camina lento,
después de llegar al jardín,
descansa,
tiene una luna robada en la sien,
cierra los ojos,
a veces me ve
y abre la tristeza para que me vaya.



© Andrés Lazcano García

Poema de Romina R. Silva


Era destino

Era destino que se cruzaran
el amor lo sabía, irían de la mano
a arrojar los sueños a la fuente,
se mirarían sonriendo
para que el amor deje de esfumarse
y ellos, de correr en la búsqueda.



© Romina R Silva

Poema de Nerina Thomas


- Momentos -

"Miro siempre al sol que se va, porque no sé qué algo mío se lleva " 


El sol cada mañana
en mi sillón se expande
mientras leo.
Se refleja en cada página del libro
se instala en él,
no se anuncia, solo ilumina.
Permite a la miopía lea
haga mía la vivencia narrada
pertenezca a ese relato minucioso
descriptivo
con punto, comas, letras quietas
juntas
como un tren de ida
anunciando su llegada.



© Nerina Thomas

Poema de Marta Zabaleta


¿Adónde? 

¿Dónde está mi cachorrito que no duerme su criada?
Está en la palma.
Suspiro,
que se me cae.

Es tarde:
ya se cayó
el medallón
de la máscara. 

¿Dónde está mi sepultura que no duermo por hallarla?.
Está en la palma.
Suspiro,
que se me cae
un pedazo de luz blanca.

Está en la palma.

Lamiendo con miel de perlas
en las mañanas tan claras,
le despierto
y me apetece
otro beso en la garganta:
agua de lluvia le baña.
Croa la rana, una de esas
que cuando cantan, no aman.

Está en la palma, y se calla.

Le quiero aunque lo pretendo
y le espero acostumbrada
sentada junto a una parva, .
lejos de aquella, su palma.



© Marta Zabaleta

Poema de Rubén Amaya


Mi barrio

Dos pobrezas al sur era mi barrio.
Pegadito al olvido, lejos del pavimento.
Tuvo inmigrantes, cabecitas bodegones,
Club social y domingos en familia.

Lejos del hollín en las mejillas,
caminaba la vida que no nos sucedía.
Y en el viejo potrero perdimos la inocencia,
en un injusto penal que nos cobró la infancia.

Hubo un palomar de amigos, que empujados
por un raro sabor a tierra extraña,
como palomas que extraviaron su rumbo,
repartimos adioses como viejas banderas.

Por eso esta ausencia que viene de lejos.
Esta urgencia en volver a la ternura.
Porque este atardecer es de mi barrio,
de aquellos que no están y van conmigo.

Los llevo en el bolsillo, en cada paso,
los encuentro, gorriones desvelados.
Recuerdos que me abrigan
hasta el último otoño del camino.



© Rubén Amaya

Poema de Beatriz Minichillo


Noche cerrada 

Que muera la tarde
hasta sus últimas instancias,
que naufrague
en el río subterráneo,
que se estremezca
en sus profundidades
y aborte su grito interno.
Siempre habrá una mirada niña
que la convoque.
Un hálito venido
no se sabe de dónde
Una primavera que apure sus brotes.
Un dios desconocido
al cual rezarle.
Una estrella  y un sol
al promediar el día.
El estallido de una sonrisa
y un dolor que huya
de su propio espanto
para respirarnos al oído.


© Beatriz Minichillo

13/1/18

Poema de Sonia Rabinovich

                                                 

     “quiero aprender a mirar como pasa el tiempo”                                                                               
                      Maxence Fermine


Pasan las estaciones y pasa el mar pasa el silencio
y los aullidos del viento doblan y me doblan en las esquinas del cuarto
Pasa un niño para quien la tarde es más larga y el día interminable
Alguien entregó a otro una caricia que no pasó
Pasó un zapato que mordió ávido una hoja
Acaba de pasar (eso creo) un dolor que no encontraba la salida
sentado en el cordón de la vereda pasa un flequillo y botoncitos
de guillermina entrelazando el empeine
Una parra un mandarino pasan  vitral de puerta al patio  tabla de planchar
máquina singer con pie de abuela al medio
baño de zaguán con puerta abierta al miedo
Pasa una mujer atando un pañuelo al peinado con spray  pasan el espejo y taco aguja  el alhajero de la que ya no está pasa
pasan piedras pequeñas sobre piedras de mármol
y álamos con bancos asustados
Una gitana ahora pasa y los ojos mirándola por la rendija
de la banderola de metal
               
No pasa la oscuridad del cuarto ni el pulgar en la boca
quienes no había no pasan   no pasa quien no estaba
la pollerita tableada de franela pasa   la solerita a lunares solita pasa
Viento, viento que ruge en la esquina del cuarto.



© Sonia Rabinovich

Poema de Claudia Tejeda


Casa habitada

Hay un eco de pantuflas sobre el piso.
Hablamos en voz baja como si cuidáramos algún sueňo.
Hace apenas un instante se fueron los hijos con sus hijos.
Ese ruido festivo de alto impacto.

Todo vuelve a su lugar en un dos por tres.

Cierro las persianas.
Apago la última lámpara.

 Y sin embargo la casa está inundada de luz.



© Claudia Tejeda

Poema de Raúl Pignolino


BIOGRAFÍA

                    A Daniel Giribaldi 
  
Este mozo fue un capo de avería 
Canchero en el sover de madrugada 
Chamuyador de rúnfla y de parada 
Y minga de embrocar filosofía 

Un ñorse en  cuestión de la poesía 
Un batidor de cosas olvidadas 
Ducho en el campaneo de verseadas 
Si se trata de mishia y fuleria 

Con la parla de puro conventillo 
En paredes cachuzas de ladrillo 
Amasaba poemas delirantes 

Y se rajó pal cielo en camiseta 
Dejando su patente de poeta 
En una estrella chueca y trashumante



© Raúl Pignolino

Poema de Susana Rozas

  
Las palabras 
  ahí 
acurrucadas: 
la muerte 
sin sangre; 
Así 
amontonados: 
el silencio 
las palabras; 
el monitor y yo 
esperando 
la ausencia y el enigma 

                                       Virtual
Vital 

Letal.




© Susana Rozas

Poema de Norma Starke




pronunciar el agua
gotear entre aristas

nombrarla
así
tan ella   tan agua



© Norma Starke

11/1/18

Poema de Alejandro Méndez Casariego



Kaiken

Pusiste mi rostro tras una máscara
de polvo de arroz
me untaste con silencios permanentes
quisiste
que sólo mis ojos y mis manos
tuvieran movimiento
que el viento no agitara mi ropa
ni me hicieran llorar las sucesivas muertes

pero detrás
por dentro
todo esto sucedió
y mucho más
porque la soledad y la demanda del cuerpo
urdieron perfectas rebeliones
soterradas tormentas
que estallaron a la hora precisa

a tu regreso me incliné
en falsa reverencia
escondí las manos en las mangas opuestas
cerré los ojos
y dejé de verte



© Alejandro Méndez Casariego

Poema de Alicia Salinas




Las lecciones del río

Desde la barranca
se diría que borda cada remo
los hilos de plata del mediodía.
¿Paraná o Mediterráneo?
¡Pero si puro barro nuestro lecho!

Intenta el retrato un turista.
Su lente reverbera y ciega,
rasgan los palos la tela del río.

Bajamos la escalera paso a paso,
encima la techumbre
sonora de los sauces.
¿De dónde los trinos?

En la pequeña playa
hablamos de ser diferentes,
de cuidar al otro, de los alcances
del amor.

Aparecen los pájaros.
El bote ya se ha ido.



© Alicia Salinas
Pintura de Graciano Garcia

Poema de David Sorbille



La llamada fatal

Cómo hacer para que entienda
quien parece saber todo
que un amigo se te pierde.

Cómo explicar la llamada fatal
que en un momento
te da vuelta el mundo.

Cómo mostrar en un espejo
que no hay más excusas
ante la presencia de la muerte.



© David Sorbille

Poema de Gisela Galimi

  

Safari ontológico

Por obligación la vida
un día me llevó de safari
y tuve que enfrentar a los leones
cara a cara
con el atardecer a cuestas.

Aprendí entonces
cuando te enfrentás a lo peor
pasás a ser
una persona poderosa.

Desde que volví
he dejado de temerle
a los gatos.



© Gisela Galimi

Poema de Liliana Majic



Duele en sus cabellos
la falta de ternura
misteriosa
callada
ausente
fabrica sombras
para hallar
encuentros

se arranca
la boca
implorando un nombre
una lanza por su columna
clama por otro cuerpo
invisible



© Liliana Majic